Dejándonos de metáforas, el fracaso electoral del pasado día supone un cambio catastrófico para los españoles. En primer lugar, porque es la gente quien ha decidido que todo haya salido de esta manera. El cambio ha de partir del pueblo, porque el pueblo es quien da la mayoría. La solución no se encuentra en no votar, sino en votar con cabeza, sentido y reflexión. Por otro lado, debe llevarse a cabo un fundamental cambio desde el corazón del sistema político actual, empezando por una modificación de la ley electoral y de partidos, para terminar con reformas mucho más profundas en materia de educación, sanidad y otros muchos campos que necesitan un "saneamiento" completo. Y después ya hablaremos de ideologías.
¿Y ahora qué? ¿Tenemos que sentarnos de brazos cruzados mientras nos dejamos gobernar por una sarta de corruptos e hipócritas? Cuando pienso en el término "soberanía popular" no entra esa pregunta en mi cabeza. Porque soberanía popular significa que el poder reside en la población, algo que desgraciadamente dista mucho de la realidad actual en que nos hallamos. Ahora, sólo queda reflexionar, levantarse y trabajar duro para que, poco a poco, la realidad se vaya identificando con el término, como corresponde
lunes, 23 de mayo de 2011
lunes, 10 de enero de 2011
Crónica de un erasmus: Múnich (V)
- Aeropuertos.
- Jägermeister (eché de menos su inmediato efecto de "ostiaputavoyavomitar").
- "Esto se nos va de las manos, gente".
- Ach so!
- Desayuno vips: bacon, huevos revueltos, tortitas, patatas fritas, zumo de naranja, café recién hecho.
- "Esto se nos va de las manos" vol. II.
- La empresa de alcohol a domicilio que nos salvó de la falta de existencias a mitad de la noche.
- Johnny Cash.
- El suelo = Matratze.
- "¿Rauchst du?", "Ja, klar".
- 59:1.
- Bier. Pero de la de verdad, la que allí no existe.
Primer fin de semana muniqués post-navideño. #thisisGermany :)
- Jägermeister (eché de menos su inmediato efecto de "ostiaputavoyavomitar").
- "Esto se nos va de las manos, gente".
- Ach so!
- Desayuno vips: bacon, huevos revueltos, tortitas, patatas fritas, zumo de naranja, café recién hecho.
- "Esto se nos va de las manos" vol. II.
- La empresa de alcohol a domicilio que nos salvó de la falta de existencias a mitad de la noche.
- Johnny Cash.
- El suelo = Matratze.
- "¿Rauchst du?", "Ja, klar".
- 59:1.
- Bier. Pero de la de verdad, la que allí no existe.
Primer fin de semana muniqués post-navideño. #thisisGermany :)
jueves, 6 de enero de 2011
Vuelta a mi ciudad.
Llegó el momento. Después de unas cortas navidades. Muy cortas. Tanto que casi no he tenido tiempo de disfrutarlas, ni disfrutar de la gente que me importa. Más que un descanso, han parecido un tumulto de reencuentros mezclados con toques de diversión y de recuerdos (es lo que tiene volver a la patria). Ni he tenido tiempo de echar de menos mi querida Múnich. Porque estas dos semanas me han sabido a poco, y me gustaría tener algunos días extra para poder saborear la tranquilidad de la vuelta a casa y la alegría del regreso al lugar de donde uno procede.
Toca volver. Regresar a esa gran ciudad de la que me enamoré hace unos meses, de la que tanto hablo y la que tanto idealizo. La ciudad perfecta. Grande pero tranquila, elegante a la par que bohemia, interesante pero no turísticamente masiva. Una ciudad donde el único inconveniente es el clima frío del que es víctima. Regreso con ganas y al mismo tiempo con pena. Porque voy a echar de menos esto, y aunque, como la otra vez, me acostumbre rápido y sin más a la vida y el ambiente alemán muniqués, ahora mismo siento que parto demasiado pronto y abandono sin rematar estas vacaciones tan escuetas.
Mi avión sale a las 08:55. Hasta la vuelta.
FROHES NEUES JAHR!
Toca volver. Regresar a esa gran ciudad de la que me enamoré hace unos meses, de la que tanto hablo y la que tanto idealizo. La ciudad perfecta. Grande pero tranquila, elegante a la par que bohemia, interesante pero no turísticamente masiva. Una ciudad donde el único inconveniente es el clima frío del que es víctima. Regreso con ganas y al mismo tiempo con pena. Porque voy a echar de menos esto, y aunque, como la otra vez, me acostumbre rápido y sin más a la vida y el ambiente alemán muniqués, ahora mismo siento que parto demasiado pronto y abandono sin rematar estas vacaciones tan escuetas.
Mi avión sale a las 08:55. Hasta la vuelta.
FROHES NEUES JAHR!
jueves, 30 de diciembre de 2010
2010: matrícula de honor.
Oh! Llega ese momento en el que algunos echamos una pequeña mirada en el baúl de los recuerdos del último años e intentamos sacar en claro si ha sido positivo o si por el contrario podemos apartar estos doce meses y reservarlos para el contenedor más cercano del olvido.
En 2009 opté por un resumen mes a mes en el que tocaba lo más importante de cada uno, pero este año optaré por las formas sencillas. Marcharé por épocas.
Soria. Si 2009 fue uno de los mejores años de mi vida en esta pequeña capital, no puedo decir lo mismo de 2010. Movidas que no tenían que ver conmigo terminaron por hacer de este periodo algo que, aunque tuvo sus momentos buenos y sus carcajadas, no puedo recordarlo de la misma manera con que añoro aquel primer año en la Machado. La primera mitad de año puede ser de 6.5, siendo generosos.
Cádiz. Pocos pero grandes días junto a Edu en la Línea de la Concepción. Nunca había visitado esta parte tan encantadora de España. Gibraltar, Tarifa, Marbella... pequeñas maravillas que alberga nuestra península.
Verano. Tranquilamente, sin mucho que hacer, varios trabajos que ayudaron mi precaria economía. Dos puntos a destacar:
-Sonorama: 10. Y me quedo corta. Desde luego fueron los mejores días del verano. Logré ver a algunos de mis grupos preferidos, disfruté como una enana de mi primera experiencia en un festival de música. Impresionante.
- San Roques: muy muy grandes los primeros días. Risas, bailes, feria, peñas, caldereta, garito... fue aflojando al ritmo en que mis fuerzas se apagaban y la resaca diaria se hacía más pesada.
Podemos decir que mi verano fue de 8 y medio.
MÚNICH. La guinda del pastel. Creo que he expresado de todas las formas posibles lo que amo esta ciudad. Me ha robado el corazón. Todo el miedo del primer día se disipó en cuando aterricé en Marienplatz, caté la deliciosa cerveza del Wiesn (Oktoberfest), descubrí que los alemanes no son tan serios ni tan formales como se les pinta. Cuando empecé a descubrir el auténtico Múnich, sus calles, su gente, sus tradiciones, sus rincones... Desde luego mis primeros tres meses en Alemania merecen un 10. A pesar de ello, echo de menos a mucha gente y de la que no me voy a olvidar por mucho tiempo que viva en mi ciudad favorita.
Un gran año. Aunque espero que el que nos alcanza lo supere con creces :)
Feliz 2011!!
En 2009 opté por un resumen mes a mes en el que tocaba lo más importante de cada uno, pero este año optaré por las formas sencillas. Marcharé por épocas.
Soria. Si 2009 fue uno de los mejores años de mi vida en esta pequeña capital, no puedo decir lo mismo de 2010. Movidas que no tenían que ver conmigo terminaron por hacer de este periodo algo que, aunque tuvo sus momentos buenos y sus carcajadas, no puedo recordarlo de la misma manera con que añoro aquel primer año en la Machado. La primera mitad de año puede ser de 6.5, siendo generosos.
Cádiz. Pocos pero grandes días junto a Edu en la Línea de la Concepción. Nunca había visitado esta parte tan encantadora de España. Gibraltar, Tarifa, Marbella... pequeñas maravillas que alberga nuestra península.
Verano. Tranquilamente, sin mucho que hacer, varios trabajos que ayudaron mi precaria economía. Dos puntos a destacar:
-Sonorama: 10. Y me quedo corta. Desde luego fueron los mejores días del verano. Logré ver a algunos de mis grupos preferidos, disfruté como una enana de mi primera experiencia en un festival de música. Impresionante.
- San Roques: muy muy grandes los primeros días. Risas, bailes, feria, peñas, caldereta, garito... fue aflojando al ritmo en que mis fuerzas se apagaban y la resaca diaria se hacía más pesada.
Podemos decir que mi verano fue de 8 y medio.
MÚNICH. La guinda del pastel. Creo que he expresado de todas las formas posibles lo que amo esta ciudad. Me ha robado el corazón. Todo el miedo del primer día se disipó en cuando aterricé en Marienplatz, caté la deliciosa cerveza del Wiesn (Oktoberfest), descubrí que los alemanes no son tan serios ni tan formales como se les pinta. Cuando empecé a descubrir el auténtico Múnich, sus calles, su gente, sus tradiciones, sus rincones... Desde luego mis primeros tres meses en Alemania merecen un 10. A pesar de ello, echo de menos a mucha gente y de la que no me voy a olvidar por mucho tiempo que viva en mi ciudad favorita.
Un gran año. Aunque espero que el que nos alcanza lo supere con creces :)
Feliz 2011!!
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Primera hora de un día cualquiera (Crónica de un erasmus IV)
Es gracioso ver cómo cambia el tiempo sin que cambie nuestro ser. Permanezco impasible ante el frío helado que azota (o acaricia) mi cara cada mañana. Una nueva ráfaga acompaña mis pasos y baila al compás de mis piernas. Toda esta maravillosa melodía termina cuando el primer semáforo me impide el paso y, a causa de códigos, leyes y demás reglamentos, espero mientras cientos de objetos transcurren a toda velocidad delante de mis ojos, impulsando con mayor intensidad el viento hacia mi cara. Antes de llegar a la cúpula donde se encuentra mi parada me encuentro con tres semáforos. Odio especialmente dos de ellos. Durante el tiempo que está en verde apenas da tiempo a cruzar los pocos metros que te separan de la zona peatonal, aunque estés esperando. Además, los alemanes (la mayoría) son especialmente raritos en ese tema, y, si el semáforo está en rojo, esperan plantados como estatuas aunque no se vea un sólo coche a la legua. Así son.
Cuando llego a mi estación, compruebo que mi tren no ha llegado aún, me tranquilizo y me dejo llevar por las escaleras mecánicas. No suele haber término medio, o pasa justo cuando acabo de poner un pié en el escalón más alto (punto en el que me toca correr de verdad si no quiero que se cierren las puertas en mis narices) o me toca aguardar casi diez minutos (la diferencia de tiempo entre dos trenes de la misma línea, en la misma estación). Subo, escucho sin interés el mítico y repetitivo "Vorsicht, bitte zurück bleiben" de los conductores, con su voz ronca y monótona, y me siento. Porque en este tren siempre hay sitio libre para sentarse (casi, casi siempre). Observo a la gente que entra, se sienta, prefiere estar de pie, se apea, lee el periódico, escucha música en su mp3 sin darse cuenta de que todo el vagón le escucha, se toma un café "to go", duerme mientras se dirige al trabajo, repasa los apuntes de la universidad, mira a la nada (como si ésta fuera a solucionar sus problemas), se encuentra cabizbajo para no mirar a nadie a los ojos, se ocupa de pintarse los labios, rebusca en su bolso, juega al block breaker en su móvil, se lía un cigarrillo. Entretanto llego a mi estación de transbordo, cojo el siguiente. Este tren es todo lo contrario al anterior. Siempre está completamente saturado. No me gusta este tren, es agobiante, no puedo sentarme y hay un ir y venir de gente que hace todo lo posible por entrar en el tren por todas. Por suerte, sólo hay tres paradas hasta Universität.
En ese instante llega el momento "dulce". Porque desde que salgo del tren empiezo a percibir un delicioso olor a bollería recién hecha. Continúa por las escaleras y no cesa hasta salir de la boca del metro, donde de nuevo me topo de lleno con el viento. O mejor dicho, él se topa conmigo.
Los últimos cinco minutos que me llevan hasta la puerta de mi escuela son breves y fugaces. Cruzo una calle, ir y venir de gente, ando por la acera, ir y venir de gente, giro a la izquierda, y de nuevo ir y venir de gente. Y el tren llega a su destino.
Cuando llego a mi estación, compruebo que mi tren no ha llegado aún, me tranquilizo y me dejo llevar por las escaleras mecánicas. No suele haber término medio, o pasa justo cuando acabo de poner un pié en el escalón más alto (punto en el que me toca correr de verdad si no quiero que se cierren las puertas en mis narices) o me toca aguardar casi diez minutos (la diferencia de tiempo entre dos trenes de la misma línea, en la misma estación). Subo, escucho sin interés el mítico y repetitivo "Vorsicht, bitte zurück bleiben" de los conductores, con su voz ronca y monótona, y me siento. Porque en este tren siempre hay sitio libre para sentarse (casi, casi siempre). Observo a la gente que entra, se sienta, prefiere estar de pie, se apea, lee el periódico, escucha música en su mp3 sin darse cuenta de que todo el vagón le escucha, se toma un café "to go", duerme mientras se dirige al trabajo, repasa los apuntes de la universidad, mira a la nada (como si ésta fuera a solucionar sus problemas), se encuentra cabizbajo para no mirar a nadie a los ojos, se ocupa de pintarse los labios, rebusca en su bolso, juega al block breaker en su móvil, se lía un cigarrillo. Entretanto llego a mi estación de transbordo, cojo el siguiente. Este tren es todo lo contrario al anterior. Siempre está completamente saturado. No me gusta este tren, es agobiante, no puedo sentarme y hay un ir y venir de gente que hace todo lo posible por entrar en el tren por todas. Por suerte, sólo hay tres paradas hasta Universität.
En ese instante llega el momento "dulce". Porque desde que salgo del tren empiezo a percibir un delicioso olor a bollería recién hecha. Continúa por las escaleras y no cesa hasta salir de la boca del metro, donde de nuevo me topo de lleno con el viento. O mejor dicho, él se topa conmigo.
Los últimos cinco minutos que me llevan hasta la puerta de mi escuela son breves y fugaces. Cruzo una calle, ir y venir de gente, ando por la acera, ir y venir de gente, giro a la izquierda, y de nuevo ir y venir de gente. Y el tren llega a su destino.
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