Oh! Llega ese momento en el que algunos echamos una pequeña mirada en el baúl de los recuerdos del último años e intentamos sacar en claro si ha sido positivo o si por el contrario podemos apartar estos doce meses y reservarlos para el contenedor más cercano del olvido.
En 2009 opté por un resumen mes a mes en el que tocaba lo más importante de cada uno, pero este año optaré por las formas sencillas. Marcharé por épocas.
Soria. Si 2009 fue uno de los mejores años de mi vida en esta pequeña capital, no puedo decir lo mismo de 2010. Movidas que no tenían que ver conmigo terminaron por hacer de este periodo algo que, aunque tuvo sus momentos buenos y sus carcajadas, no puedo recordarlo de la misma manera con que añoro aquel primer año en la Machado. La primera mitad de año puede ser de 6.5, siendo generosos.
Cádiz. Pocos pero grandes días junto a Edu en la Línea de la Concepción. Nunca había visitado esta parte tan encantadora de España. Gibraltar, Tarifa, Marbella... pequeñas maravillas que alberga nuestra península.
Verano. Tranquilamente, sin mucho que hacer, varios trabajos que ayudaron mi precaria economía. Dos puntos a destacar:
-Sonorama: 10. Y me quedo corta. Desde luego fueron los mejores días del verano. Logré ver a algunos de mis grupos preferidos, disfruté como una enana de mi primera experiencia en un festival de música. Impresionante.
- San Roques: muy muy grandes los primeros días. Risas, bailes, feria, peñas, caldereta, garito... fue aflojando al ritmo en que mis fuerzas se apagaban y la resaca diaria se hacía más pesada.
Podemos decir que mi verano fue de 8 y medio.
MÚNICH. La guinda del pastel. Creo que he expresado de todas las formas posibles lo que amo esta ciudad. Me ha robado el corazón. Todo el miedo del primer día se disipó en cuando aterricé en Marienplatz, caté la deliciosa cerveza del Wiesn (Oktoberfest), descubrí que los alemanes no son tan serios ni tan formales como se les pinta. Cuando empecé a descubrir el auténtico Múnich, sus calles, su gente, sus tradiciones, sus rincones... Desde luego mis primeros tres meses en Alemania merecen un 10. A pesar de ello, echo de menos a mucha gente y de la que no me voy a olvidar por mucho tiempo que viva en mi ciudad favorita.
Un gran año. Aunque espero que el que nos alcanza lo supere con creces :)
Feliz 2011!!
jueves, 30 de diciembre de 2010
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Primera hora de un día cualquiera (Crónica de un erasmus IV)
Es gracioso ver cómo cambia el tiempo sin que cambie nuestro ser. Permanezco impasible ante el frío helado que azota (o acaricia) mi cara cada mañana. Una nueva ráfaga acompaña mis pasos y baila al compás de mis piernas. Toda esta maravillosa melodía termina cuando el primer semáforo me impide el paso y, a causa de códigos, leyes y demás reglamentos, espero mientras cientos de objetos transcurren a toda velocidad delante de mis ojos, impulsando con mayor intensidad el viento hacia mi cara. Antes de llegar a la cúpula donde se encuentra mi parada me encuentro con tres semáforos. Odio especialmente dos de ellos. Durante el tiempo que está en verde apenas da tiempo a cruzar los pocos metros que te separan de la zona peatonal, aunque estés esperando. Además, los alemanes (la mayoría) son especialmente raritos en ese tema, y, si el semáforo está en rojo, esperan plantados como estatuas aunque no se vea un sólo coche a la legua. Así son.
Cuando llego a mi estación, compruebo que mi tren no ha llegado aún, me tranquilizo y me dejo llevar por las escaleras mecánicas. No suele haber término medio, o pasa justo cuando acabo de poner un pié en el escalón más alto (punto en el que me toca correr de verdad si no quiero que se cierren las puertas en mis narices) o me toca aguardar casi diez minutos (la diferencia de tiempo entre dos trenes de la misma línea, en la misma estación). Subo, escucho sin interés el mítico y repetitivo "Vorsicht, bitte zurück bleiben" de los conductores, con su voz ronca y monótona, y me siento. Porque en este tren siempre hay sitio libre para sentarse (casi, casi siempre). Observo a la gente que entra, se sienta, prefiere estar de pie, se apea, lee el periódico, escucha música en su mp3 sin darse cuenta de que todo el vagón le escucha, se toma un café "to go", duerme mientras se dirige al trabajo, repasa los apuntes de la universidad, mira a la nada (como si ésta fuera a solucionar sus problemas), se encuentra cabizbajo para no mirar a nadie a los ojos, se ocupa de pintarse los labios, rebusca en su bolso, juega al block breaker en su móvil, se lía un cigarrillo. Entretanto llego a mi estación de transbordo, cojo el siguiente. Este tren es todo lo contrario al anterior. Siempre está completamente saturado. No me gusta este tren, es agobiante, no puedo sentarme y hay un ir y venir de gente que hace todo lo posible por entrar en el tren por todas. Por suerte, sólo hay tres paradas hasta Universität.
En ese instante llega el momento "dulce". Porque desde que salgo del tren empiezo a percibir un delicioso olor a bollería recién hecha. Continúa por las escaleras y no cesa hasta salir de la boca del metro, donde de nuevo me topo de lleno con el viento. O mejor dicho, él se topa conmigo.
Los últimos cinco minutos que me llevan hasta la puerta de mi escuela son breves y fugaces. Cruzo una calle, ir y venir de gente, ando por la acera, ir y venir de gente, giro a la izquierda, y de nuevo ir y venir de gente. Y el tren llega a su destino.
Cuando llego a mi estación, compruebo que mi tren no ha llegado aún, me tranquilizo y me dejo llevar por las escaleras mecánicas. No suele haber término medio, o pasa justo cuando acabo de poner un pié en el escalón más alto (punto en el que me toca correr de verdad si no quiero que se cierren las puertas en mis narices) o me toca aguardar casi diez minutos (la diferencia de tiempo entre dos trenes de la misma línea, en la misma estación). Subo, escucho sin interés el mítico y repetitivo "Vorsicht, bitte zurück bleiben" de los conductores, con su voz ronca y monótona, y me siento. Porque en este tren siempre hay sitio libre para sentarse (casi, casi siempre). Observo a la gente que entra, se sienta, prefiere estar de pie, se apea, lee el periódico, escucha música en su mp3 sin darse cuenta de que todo el vagón le escucha, se toma un café "to go", duerme mientras se dirige al trabajo, repasa los apuntes de la universidad, mira a la nada (como si ésta fuera a solucionar sus problemas), se encuentra cabizbajo para no mirar a nadie a los ojos, se ocupa de pintarse los labios, rebusca en su bolso, juega al block breaker en su móvil, se lía un cigarrillo. Entretanto llego a mi estación de transbordo, cojo el siguiente. Este tren es todo lo contrario al anterior. Siempre está completamente saturado. No me gusta este tren, es agobiante, no puedo sentarme y hay un ir y venir de gente que hace todo lo posible por entrar en el tren por todas. Por suerte, sólo hay tres paradas hasta Universität.
En ese instante llega el momento "dulce". Porque desde que salgo del tren empiezo a percibir un delicioso olor a bollería recién hecha. Continúa por las escaleras y no cesa hasta salir de la boca del metro, donde de nuevo me topo de lleno con el viento. O mejor dicho, él se topa conmigo.
Los últimos cinco minutos que me llevan hasta la puerta de mi escuela son breves y fugaces. Cruzo una calle, ir y venir de gente, ando por la acera, ir y venir de gente, giro a la izquierda, y de nuevo ir y venir de gente. Y el tren llega a su destino.
martes, 5 de octubre de 2010
Ein Monate, München.
Puntos a recalcar y que no debemos olvidar sobre este primer mes en Múnich:
- Oktoberfest (AKA Wiesn, que también nos quedamos con algo de bávaro), con esa cantidad de gente tan simpática uniformada con sus Dirnld y Lederhosen. No es sólo un gran recinto lleno de puestecitos, carpas y atracciones, sino algo más. Puede que sea el ambiente, la música en directo o quizá esas cervezas especiales, con esos grados de más que te hacen perder el control del reloj, mientras pasan las horas y no eres consciente del tiempo porque no puedes parar de hablar, reir, brindar, probar Weisswurst con mostaza dulce, esquivar italianos pesados que intentar ligar con todas, cantar encima de la mesa, y por supuesto, beber. Ein Prosit, ein Prosit, Gemüglichkeit!!
- Llegar a una cervecería al aire libre y brindar con un cantante simpático que nos confunde con italianos (como casi siempre). Que te diga "Ciao bella" y toda la calle se nos quede mirando.
- Meternos en un pub y no saber si el alemán seguramente ejecutivo que lo da todo intenta ligar contigo o con tu amigo. Y que además beba San Miguel.
- Descubrir un bar en el que puedes tomar jarras de medio litro de cerveza por tres euros y que de repente suene estopa. Dos canciones. Y que el camarero lleve gafas de sol y gorro hippie.
- Salir de un bar a una hora X y no saber qué dirección tomar para coger un metro lo más cerca posible. Dar veinte vueltas mientras llueve para encontrar una estación y darte cuenta de que todo el tiempo caminábamos hacia el lado contrario.
- Cantantes frustrados que se meten a conductores de metro. Bitte zurück bleiben.
- U-Bahn, el mejor lugar para echarte una siesta a las seis de la mañana mientras tu amigo te abandona "vilmente". Despertarte media hora después sin tu bolso y no ser consciente de la estación en la que te encuentras.
- Llegada masiva de chinos al Deutschkurs cuando casualmente comentábamos en el metro los porqués en potencia de sus caras planas.
- Porteros de discoteca sacados de lo más exquisito de las S.S.
- Cerveza para desayunar, para ir a clase, para salir de clase, para las cenas, para viajar en el metro.
- Tener cuatro clases un martes, faltar a dos de ellas, encontrarse de repente en una que en realidad no tenemos y llegar tarde a otra.
- Brezn (L)
- Ensaladas que cuestan más de lo que llevamos en la tarjeta y dejar a la cajera media hora esperando mientras conseguimos cambio para la recarga.
- Alemanes en el U-bahn que te llaman "chica latina" a pesar de ser más blanca que la nieve.
- "Seniorita" me gusta más.
- Policía que pide el bono del metro mientras pululamos por delante con el nuestro caducado.
- Salir de tranquis y llegar a las tantas. Quedarse con un viejete alemán tomando cervezas.
- Intentar enseñar a un griego cómo se hace una tortilla de patata y que se te caiga la mitad mientras das la vuelta. Y que encima luego le encante.
- Profesores que llaman "Hohe" a Jorge.
- Conductores de metro que hacen versiones de Rammstein con el nombre de las líneas y estaciones.
- Compañeras de piso que te proponen que te unas a su iglesia, pero como te invita a pollo al curry, te callas la boca mientras sonríes a su grupillo de amigos que canta y toca canciones religiosas en la cocina.
- Ir a una fiesta erasmus "de tranquis" en el centro de Múnich y acabar el Kultfabrik bailando en la barra de un pub que antiguamente era una fábrica.
- Perder el metro por 10 segundos y llegar tarde a clase, al Deutschkurs, o a donde sea.
- Que un revisor nos pida el bono justo un día después de sacarlo, y orgullosamente se lo enseñes pensando en la maldita puta suerte que tienes.
- Alemanes borrachos que te dicen "yo español hablo un poquito".
Añado:
- Piso genial (McLaren). Se trata del piso de unos erasmus españoles situado en el centro de Múnich (Sendlinger Tor) y consta de una habitación sin puerta, un bar en medio del salón (taburetes incluidos en el pack), dolby suround en toda la casa, una bañera más parecida a una piscina, y mucha fiesta.
- Jugar al tetris con Jorge en las escaleras mecánicas del U-bahn.
- Marcas alemanas. Véase "Serrano Schinken Sancho" o "Orto mio".
- En la MENSA de la uni hay gente que te hace jugar a las películas pero con muebles, si tu compañero acierta te regalan una bolsa de IKEA. Himmelbett!
- Canis que se meten a revisores de metro y te piden el bono de repente.
- "Tienes que prensarlo bien antes de chuparlo", (Jenn, 2010).
- Nachts, die ich mich nicht erinnern kann XD
Continuará...
miércoles, 29 de septiembre de 2010
M.
Distinto. Tantas cosas hace casi tres semanas, ajenas, ahora parte de mi vida. Mi nueva vida en la capital de Baviera. La libertad de respirar sin miradas que observen cada movimiento, sin labios que claven mil agujas en tu alma con recelo, quien sabe, con la sencilla razón de entretener sus vidas vacías. La sensación de tener el mundo ante tus ojos, el ansia de conocer, de vivir y de soñar con un nuevo paraíso, completo de aventuras por ocurrir.
Una vía que retiene mil estrellas y las convierte en realidad. Mil miradas desconocidas cada día. Aire fresco, caras nuevas. Locura misteriosa y clandestina. Vicisitudes de una nueva rutina. Aire que envuelve las sombras y luz que aparca en mi ventana al alba. Riqueza convertida en belleza a cada paso.
Adoro esta ciudad.
sábado, 18 de septiembre de 2010
Crónica de un erasmus: Múnich (II)
El jueves llega mi otra mitad y nos disponemos a disfrutar de los días que tenemos para nosotros en la gran ciudad. Días tranquilos y mágicos.
El jueves le mostré a Edu el centro de la ciudad que unos días atrás me enamoró. El efecto de las calles que se reflejan en el alma crea un vínculo especial entre este lugar y yo. La tranquilidad que se respira en el centro abarrotado es inimaginable en otras grandes urbes. La belleza de la arquitectura, el cuidado de las calles, la variedad interminable de establecimientos de todas las clases que podamos vislumbrar... es algo maravilloso pasear por estas avenidas dulces y llenas de vida.
El viernes decidí ir con la gente de clase al Englischer Garten. Es como encontrarse en un valle lleno de verde, lagos, jardines, naturaleza y linda fauna de cuento. La Torre China es la guinda de este pastel tan delicioso y puro. Es fácil perderse por sus caminos, si fuera sola seguramente me resultaría realmente difícil encontrar algún camino que me llevara a la salida. Es la magia de este parque, la posibilidad de perderse entre su hierba y sus lagos...
Por la noche escogemos un lugar al azar: Königplatz. Se trata de una plaza impresionante, con tres edificios griegos, difíciles de describir. Sólo se puede decir que nos impresionó tal paisaje, decidimos volver con la luz del sol, algo pendiente.
Cenamos de bávaro: Weisswurst, Kartoffeln y cerveza, para después acercarnos al famosísimo barrio de "Schwabing", una de las principales zonas de fiesta de la ciudad. Estuvimos con una chica de mi clase, que trabajaba en uno de los pubs del lugar, y cierto rato después a casa. No sin antes fichar la zona, promete.
Sábado 18. Un día para madrugar y empezar nuestras visitas temprano. Oktoberfest, pero sábado. Lo que significa que la inauguración puede ser bastante caótica y el nivel de personal elevado, así que decidimos dejarlo para otro día y en su lugar ir a BMW Welt. Así que nos dirigimos al mundo de los cochazos, la tecnología, el lujo. Y es que los modelos que se gastan no son para nada desdeñables. No me considero una fan total del motor, pero esta visita me ha dejado un buen sabor de boca.
Die nächste Halt ha sido la Torre Olímpica, desde donde hemos podido disfrutar de unas maravillosas vistas de toda la ciudad. Espectacular la zona donde se llevaron a cabo los juegos olímpicos del 72: las instalaciones, el lago, el ambiente... todo impresionante.
Y, en fin, ha llegado el momento de quedar con otra compañera de clase para ciertos asuntos, junto con un pequeño paso por Hofbrauhaus. Se trata de la cervecería más famosa de Múnich, puede que de Alemania. La más grande que he visto nunca, con jarras de litro, música bávara en directo y camareros capaces de llevar diez jarras de cerveza en mano. Typical Bayern :)
Y así terminan estos primeros diez días en Múnich. Muchas ganas, muchas cosas por hacer y una gran ilusión por disfrutar de este trocito de cielo que cada vez me apasiona más. Otros cuatro días para disfrutar a tu lado.
Bitte zurück bleiben :)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)